Ardo en la llama más hermosa y pura



Ardo en la llama más hermosa y pura
que amante generoso arder pudiera,
y necia invidia, no piedad severa,
tan dulce incendio en mí apagar procura.

¡Oh, cómo vanamente se aventura
quien con violencia y con rigor espera
que un alto fuego en la ceniza muera,
mientra un alma a sabor en él se apura!
 
 Si yo entre vagas luces de alba frente
me abraso y entre blanda nieve y rosa,
no es culpa de tu amor no hacer caso:
 
que es la lumbre del sol más poderosa
y agrada más naciendo en Orïente
que cuando se nos muere en el Ocaso.