Pinturas que esconden más de lo que muestran

Cuando vamos a un museo o galería, a una exposición de arte, independientemente del autor o corriente pictórica, es muy frecuente encontrarnos con los “críticos innatos”, esos que observan la “soledad paterna del autor” a través de las líneas no culminadas de su obra, o aquellos que denotan un aire de rebeldía en la simple representación de círculos. Y es que aceptémoslo, no todos tenemos el don de interpretar las pinturas de esa manera.

Sin embargo. No es de esos mensajes ocultos que quiero que hablemos en esta ocasión. Si no de aquellas obras, que verdaderamente encierran un misterio en relación a lo que en si misma representan, e incluso sobre las influencias que ejercen sobre su entorno.

La Mona Lisa de Da Vinci

Imposible no empezar esta lista con otra obra famosa. Y es que la Mona Lisa, popularmente conocida como Gioconda, representa uno de los más grandes enigmas pictóricos. Sobre el cual se hay escrito mucho y han sido creada miles de teorías. Sin necesidad de creernos Dan Brown, el creador del libro Código Da Vinci, ya muchos de nosotros conocemos ciertos misterios que encierra la Mona Lisa.

Desde su enigmática sonrisa, pasando por el intenso debate respecto al género sexual de la persona pintada y su relación con el pintor. Muchos afirman que se trata de la esposa de un Conde, mientras un gran sector, cada vez más numeroso sostiene que se trata de un jovenzuelo amante de Leonardo. Hasta llegar incluso a sostener, como recientemente se ha “descubierto”, que en los ojos de la figura es posible observar números y códigos de significado desconocido.

Pero no es sólo esto, hay otros misterios aún más extraños respecto a esta pintura. Por ejemplo, pocas personas saben que los asiduos visitantes al Museo de Louvre para observar la obra original, están expuestos a un síndrome muy peculiar.

Se trata del síndrome de Stendhal, trastorno que causa una fuerte impresión o impacto de las obras de arte en las personas, los síntomas más significativos aunque no por ello menos curiosos incluyen la desorientación espacial, en donde destaca la sensación de adentrarse en la pintura, lo que se observa desde el otro lado, resulta desconocido, sin embargo, quienes han padecido este síndrome al observar la Mona Lisa, han padecido por episodios de violencia injustificada, homicidios y suicidios.

El Hombre sin Cabeza de Laura P.

Esta pintura, constituye una representación basada en una fotografía realizada por  James Kidd, de allí que resulta curioso que se halla pintado un hombre sin cabeza, justo detrás del carruaje. El fotógrafo, lógicamente argumento que no se encontraba nadie al momento de tomar la fotografía, y que dicha silueta apareció en el proceso de revelado.

Ya colgada en la oficina de la artista parecía cobrar vida por las noches, cada mañana aparecía movida de lugar o torcida. Retirada del lugar por el temor creado, pasó de manos en manos, causando iguales efectos, hasta que definitivamente tuvo que ser quemada.

Las manos le resisten de  Bill Stoneham

Pintada desde una fotografía de la propia infancia del autor. Desde sus primeros momentos, ha despertado mucha inquietud. La familia que la adquirió, la colgó en el cuarto de sus hijos.

La pequeña del hogar, se despertaba llorando porque los niños del cuadro peleaban, gritaban. Pasando de manos en manos, las quejas se incrementaban, desde la aparición de enfermedades inexplicables, hasta la insólita trasformación o movimientos dentro del cuadro. Son pocas las personas, que al día de hoy pueden observar dicho cuadro por más de 1 minuto.

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